Memorias de un vagón de ferrocarril by Eduardo Zamacois

(6 User reviews)   3570
By John White Posted on Dec 22, 2025
In Category - Pilot Stories
Zamacois, Eduardo, 1873-1971 Zamacois, Eduardo, 1873-1971
Spanish
Ever wondered what the walls of an old train car would say if they could talk? Eduardo Zamacois gives them a voice in 'Memorias de un vagón de ferrocarril.' This isn't just a book about a train; it's the story of a nation, told through the eyes of a single carriage that witnesses everything from the Spanish-American War to the lives of everyday people. The train car becomes a silent passenger to history, love, loss, and the quiet revolutions happening in the compartments it carries. If you love stories that find the extraordinary in ordinary places, you need to hop aboard this one. It's a journey through time you won't forget.
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en cuyo nombre la ciega humanidad se ha despedazado tantas veces. La Compañía que me trajo a España pagó--con arreglo al cambio de aquel día--veinte mil duros por mí. Los merezco. Casi en totalidad estoy hecho con piezas de caoba y encina que, tras de perder toda el agua de sus fibras leñosas durante varios años de estadía en los secaderos, fueron severamente endurecidas bajo la llama del soplete; únicamente ciertos pormenores y adornos de mi individuo son de roble, y me cubre una tablazón de “teak”, madera muy semejante al pino que viene del Norte europeo, y es inaccesible a los cambios atmosféricos. Mi peso neto--quiero decir--cuando estoy vacío, excede de treinta y seis toneladas. Tengo más de diez y ocho metros de longitud y tres metros y cincuenta centímetros de altura, y la amplitud de mi techumbre cóncava posee una majestad de bóveda. Durante muchos meses numerosos forjadores, carpinteros, ebanistas, tapiceros, fontaneros, lampistas, electricistas, estufistas y cristaleros habilísimos, trabajaron en mi fabricación, y sus manos diestras maravillosamente fueron infundiéndome una solidez excepcional y una rara armonía de proporciones. Con justicia mis camaradas de ruta, a poco de conocerme, empezaron a llamarme _El Cabal_. Soy ancho, cómodo, y, no obstante la gravedad de mi armazón, tiemblo ágilmente, con sacudidas ligerísimas, sobre mi rodaje de cuatro ejes. No todos los coches de mi rango podrían jactarse de otro tanto. Existe entre nosotros una aristocracia que, sin vacilaciones, acusaré de advenediza: figuran en ella los vagones más jóvenes que yo, fabricados con tablas secadas imperfectamente. Yo les llamo vagones “de bazar”. Su aspecto es bueno, pero carecen de resistencia: pronto sus miembros se resienten del trabajo; crujen, gimen, sus puertas no cierran bien, sus ventanillas cesan de ajustar, sus muelles fatigados se desmoralizan... Además, por haber sido construídos de prisa y sin amor, les faltan ciertos detalles complementarios indispensables a su ornamentación y a la perfecta comodidad de los viajeros; y la verdadera distinción está en “el detalle”... Las unidades de “primera clase” se dividen en dos categorías: yo pertenezco a la mejor, a la de más rancia y pura aristocracia, y las letras A A. que exornan mis portezuelas pregonan mi alcurnia. El “cuarto-tocador” ocupa uno de mis extremos, y en el centro--lugar el menos trepidante--llevo un “departamento-cama”. Mi interior, dividido en seis compartimientos, es bello y blando, acariciador, confortador, lleno de previsiones; femenino, en suma: los asientos, que fácilmente pueden ancharse y convertirse en lechos; los almohadones mullidos; la curvatura, propicia al descanso, de los respaldos; las abrazaderas, sobre las que el viajero podrá descansar un brazo; los ceniceros; la mesita que adorna la entreventana; las cortinas, que modifican la luz solar; los tubos de la calefacción; los timbres de alarma; los espejos biselados; los anuncios polícromos y las fotografías de lugares célebres, que exornan mi tránsito; el silencio y precisión con que las puertas se cierran y ajustan a sus marcos...; todo, en fin, descubre en mí un alma “de hogar”. En invierno, especialmente y de noche, cuando el frío escarcha los cristales y la máquina me envía a raudales generosos su calor, y todos mis inquilinos duermen, y las manos de los enamorados se buscan enceladas y febriles bajo las mantas, entonces mis compartimientos parecen alcobas sobre cuya tonalidad gris mis linternas, medio cerradas, semejantes a párpados indolentes, vertiesen una casi imperceptible llovizna de luz. ¡Bello y rotundo contraste!... Fuera de mí, el movimiento, la lucha, el peligro, la obscuridad, el fragor tronitronante de los puentes, el estrépito ensordecedor de los túneles, la lluvia, el granizo, la nieve, los vientos helados, la interminable conquista de la tierra;...

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Eduardo Zamacois, a writer who lived through nearly a century of Spanish history, does something brilliant here: he makes a train car the narrator. The story is the life of this railway carriage, from its construction to its final days on a forgotten track.

The Story

The book is a collection of episodes, each a story witnessed by the train car. It travels across Spain, carrying soldiers off to the war in Cuba, lovers escaping for secret trysts, families moving for work, and politicians making grand speeches. The car isn't just a setting; it's the central character that connects all these human dramas. It sees the best and worst of people, the sweep of historical change, and the small, private moments that define a life. Through its 'eyes,' we get a ground-level view of a country in turmoil and transition.

Why You Should Read It

What I loved most was how personal history feels in this book. You're not reading dry facts about the Spanish-American War; you're feeling the anxiety of the young conscripts huddled in the dark. You're not studying social change; you're overhearing the whispered conversations of women gaining new independence. Zamacois has a gift for sharp, vivid details that make every scene come alive. The train car's perspective is strangely moving—it's a constant, silent witness to the fleeting nature of human struggles and joys.

Final Verdict

Perfect for readers who enjoy historical fiction with a unique twist, or anyone who likes the idea of 'found object' storytelling. If you appreciated the concept of novels like The Guernsey Literary and Potato Peel Pie Society, where a place holds collective memory, you'll be captivated by this. It's a quiet, thoughtful, and deeply human book that proves sometimes the most powerful stories are told by the places we pass through.



🏛️ License Information

The copyright for this book has expired, making it public property. Thank you for supporting open literature.

Barbara Lewis
1 year ago

Read this on my tablet, looks great.

David Garcia
3 weeks ago

Surprisingly enough, the content flows smoothly from one chapter to the next. I will read more from this author.

Ava Robinson
1 month ago

To be perfectly clear, the pacing is just right, keeping you engaged. This story will stay with me.

Andrew Gonzalez
5 months ago

I didn't expect much, but it manages to explain difficult concepts in plain English. Exceeded all my expectations.

Andrew Martin
10 months ago

After finishing this book, it challenges the reader's perspective in an intellectual way. I couldn't put it down.

5
5 out of 5 (6 User reviews )

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