El anacronópete; Viaje a China; Metempsicosis by Enrique Gaspar

(6 User reviews)   2948
By John White Posted on Jan 3, 2026
In Category - Flight Science
Gaspar, Enrique, 1842-1902 Gaspar, Enrique, 1842-1902
Spanish
Hey, have you heard about the book that might have beaten H.G. Wells to the punch for time travel? It's called 'El anacronópete,' and it's a wild, forgotten ride from 1887. Forget fancy machines—the professor here uses a giant, brass, time-traveling room powered by 'electric fluid' to go back and fix history. The story isn't just about the past; it's a funny, sharp look at Spanish society, wrapped up in a crazy adventure to ancient China and beyond. It's quirky, smart, and feels surprisingly modern for something written before cars were common. If you love finding hidden gems in sci-fi history, you need to check this out.
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estudiar técnicamente los progresos de la ciencia y de la industria. Mucho menos reflejaban aquellas fisonomías la alegre satisfacción con que los habitantes de la antigua Lutecia corren anualmente a ver disputar el gran premio en el concurso hípico destrozando palabras inglesas y luciendo trajes y trenes, capaz cada uno de satisfacer el precio del _handicap_ y de saldar todos juntos la deuda flotante de algún Estado. Verdad es que aunque época de certamen universal, pues desfilaba el año de 1878, no lo era de carreras, pues no iban transcurridos más que diez días del mes de julio. Además no había vaivén; es decir que no acontecía lo que en aquellos casos, que la gente que se divierte se cruza en opuesta dirección con la que trabaja o huelga. Todos seguían el mismo rumbo llevando impresa en la mirada la huella del asombro. Las tiendas estaban cerradas, los trenes de los cuatro puntos cardinales vomitaban viajeros que asaltando ómnibus y _fiacres_ no tenían más que un grito: «¡Al Trocadero!» Los vaporcitos del Sena, el ferrocarril de cintura, el _tram-way_ americano, cuantos medios de locomoción en fin existen en la Babilonia moderna, multiplicaban su actividad hacia aquel punto atractivo del general deseo. Aunque el calor era sofocante como de canícula, dos ríos humanos se desbordaban por las aceras de las calles, pues, exceptuando los vehículos de propiedad, París con sus catorce mil carruajes de alquiler, no podía transportar arriba de doscientas ochenta mil personas, concediendo a cada uno diez carreras con dos plazas; y como la población se elevaba a dos millones, en virtud del espectáculo del día a que todos querían asistir, resultaba que un millón y setecientos veinte mil individuos tenían que ir a pie. El Campo de Marte y el Trocadero, teatro de aquella representación única, habían sido invadidos desde el amanecer por la impaciente multitud que, no contando con billete para la conferencia que en el salón de festejos del palacio debía celebrarse a las diez de la mañana, se contentaba con presenciar la segunda parte, mediante el valor de la entrada, en el área de la Exposición. Los que ya no tuvieron acceso a ella, asaltaron los puentes y las avenidas. Los más perezosos o menos afortunados se vieron reducidos a diseminarse por las alturas de Montmartre, los campanarios de las iglesias, las colinas del Bosque y las prominencias de los Parques. Tejados, obeliscos, columnas, arcos conmemorativos, observatorios, pozos artesianos, cúpulas, pararrayos, cuanto ofrecía una elevación había sido adquirido a la puja; y los almacenes quedaron exhaustos de paraguas, sombrillas, sombreros de paja, abanicos y bebidas refrigerantes para combatir al sol. ¿Qué ocurría en París? Hay que ser justos. Ese pueblo que así se admira a sí propio colocando sus medianías sobre pedestales para que el mundo los tome por genios, como se divierte consigo mismo caricaturándose en sus infinitos ratos de ocio, se conmovía esta vez con sobrada razón. La ciencia acababa de dar un paso que iba a cambiar radicalmente la manera de ser de la humanidad. Un nombre, hasta entonces oscuro y español por añadidura, venía a borrar con los fulgores de su brillantez el recuerdo de las primeras eminencias del mundo sabio. Y en efecto. ¿Qué había hecho Fulton? Aplicar a la locomoción marítima los experimentos de Watt o de Papin a fin de que los buques caminasen con mayor rapidez venciendo más fácilmente la resistencia de las olas con su fuerza impulsiva; pero salir en lunes de un puerto para llegar en martes a otro en que antes, a la vela y viento en popa, no hubiera sido posible fondear hasta...

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Let me set the stage: it's 1887, and a Spanish diplomat named Enrique Gaspar writes a play about time travel. That play becomes this book, 'El anacronópete; Viaje a China; Metempsicosis', a full eight years before H.G. Wells published The Time Machine. That alone should make your inner book nerd perk up.

The Story

It follows Professor Don Sindulfo García, a man who's built the 'Anacronópete'—a massive, ornate chamber that can move through time. He's not just sightseeing; he wants to reverse the decay of history and restore Spain's past glory. He gathers a group of passengers, including his love interest and her annoying suitor, and they blast off. Their journey isn't a smooth tour. They get tangled in the siege of Zaragoza, take a chaotic trip to ancient China, and the whole thing spirals into a meditation on reincarnation ('Metempsicosis'). It's less about the mechanics of time and more about the messy, hilarious consequences of trying to control it.

Why You Should Read It

Reading this feels like uncovering a secret. The science is wonderfully absurd (the machine needs 'electric fluid' and is basically a fancy living room), but the social satire is razor-sharp. Gaspar uses the time travel premise to poke fun at the politics, class issues, and national pride of his own era. The characters are delightfully flawed, and the plot takes turns you just don't see coming. It’s a reminder that great ideas often pop up in unexpected places.

Final Verdict

This is a must-read for science fiction fans who love literary archaeology and origin stories. If you enjoy early, imaginative proto-sci-fi like Jules Verne but wish it had a bit more wit and social commentary, you'll find a real treasure here. It's not a slick, modern thriller—it's a charming, inventive, and historically significant romp that deserves its spot in the time-travel hall of fame.



📜 Copyright Status

This book is widely considered to be in the public domain. Share knowledge freely with the world.

Noah Robinson
10 months ago

To be perfectly clear, the author's voice is distinct and makes complex topics easy to digest. Don't hesitate to start reading.

5
5 out of 5 (6 User reviews )

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